Hoy asistimos ala celebración del primero de mayo, Fiesta del Trabajo; un día que otrora fue el cenit de las reivindicaciones sindicales y hoy no es más que la escenificación generalizada, salvo honrosas y muy puntuales excepciones, de un nido de rojos marchando al son de la internacional. Sinceramente, para mí, esta es la festividad con menor significado y por ello creo que sería más conveniente cambiarla para que el festivo sea el 9 de Mayo, Día de Europa, y no un “primero de mayo” que ya carece de significado social.

Observemos los primeros de mayo de los últimos años; ¿Quién va a las manifestaciones?…pues bien poquitos, apenas los 4 gatos que aún añoran el murito de Berlín ó la época estalinista; y ni esos si pueden irse de puente. Hoy mismo, en Madrid, había unos pocos miles de personas con banderas a-constitucionales y banderas de la URSS, algo que nos indica el grado de degradación al que ha llegado el motivo de esta festividad del primero de mayo.

Si entramos más o menos en profundidad para analizar someramente la labor de los sindicatos en el seno del mercado laboral español podemos observar como su labor nada más que introduce ineficiencias al mercado; unas ineficiencias que únicamente consiguen aumentar los costes laborales unitarios que tienen que soportar las empresas sin conseguir mejora alguna pues la productividad española lleva años en un plano cerebral. Así, con esa productividad, es imposible que España pueda competir en una economía mundializada pues aún aunque los chinos dejasen de hacer dumping, que es ilegal según la OMC a la que China está adscrita, nuestra competitividad es tan nula que no somos capaces de competir ni siquiera con aquellos países cuyos trabajadores cobran unos salarios reales muchos más altos que los que aquí se cobran. Algunos creen que podemos basar nuestra competitividad en costes pero aún no parecen haberse dado cuenta de los gigantes asiáticos –China y La India- producen a unos costes infinitamente más bajos que los nuestros.

Volviendo a los sindicatos, yo me hago una pregunta en voz, ¿Para qué sirven?…..pues yo mismo se lo diré, no sirven para nada. Se dedican a vivir de las subvenciones, es decir, de nuestros impuestos, y a firmar convenios colectivos en una estructura de negociación que es pésima pues ni tiene en cuenta las condiciones generales de la economía ni las particulares de cada sector o ámbito de negociación. Señores, ¿no sería más factible aplicar unas normas básicas a partir de las cuales se aplique la libre concurrencia al mercado de trabajo?; por supuesto que sería más factible, ahora bien, hace falta un poquito de voluntad política para llevar a cabo a que sería la mayor reforma del mercado laboral jamás hecha. Establézcanse, pues, unas normas básicas como el máximo de horas semanales, las vacaciones remuneradas y las regulaciones jurídicas necesarias para no dejar los contratos en el limbo legal….y ya está; no más normas, el resto libre concurrencia al mercado laboral. Esto unido a la privatización del Sistema de Pensiones de la Seguridad Social y la reducción en la cuantía de la prestación por desempleo permitiría una reducción drástica de la presencia del Estado en el mercado de trabajo y así posibilitar la eficiencia máxima, paro estructural, del mercado de trabajo.

Así pues dada esta situación los sindicatos serían meras asociaciones como pueden ser las asociaciones de vecinos, de tal modo que habría que prohibir las organizaciones sindicales en el concepto por el cual las conocemos hoy en día. Que Fidalgo&Cía. Se pongan a trabajar que ya les va tocando.